Tindaya – Podomorfos – Fuerteventura

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Los Podomorfos de Tindaya

Tindaya - Fuerteventura

Tindaya – Fuerteventura

Desde la cima del Espigón de La Mesa, a 600 metros de altitud, se abre de par en par todo el valle y montaña de Tindaya, un domo sagrado venerado por los antiguos moradores de la isla de Fuerteventura, los Majos.

En la época antes de la conquista castellana se conocía a Fuerteventura como Erbania, que proviene de “Ar-Bani”, que significa La Pared, en el idioma aborigen de Gran Canaria, y que se refería al muro defensivo construido en la Península de Jandia y que separaba la isla en dos reinos enfrentados en guerras. Los habitantes de Fuerteventura llamaban a su isla “Mahoh”, que significaba en su idioma “Mi País”.

Espigón de La Mesa

Espigón de La Mesa - Tindaya - Fuerteventura

Espigón de La Mesa – Tindaya – Fuerteventura

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Espigón de La Mesa - Tindaya - Fuerteventura

Espigón de La Mesa – Tindaya – Fuerteventura

Fue un corsario y empresario francés de nombre Jean De Bethencourt, quien en 1402 y por un interés eminentemente económico – era comerciante de tejidos en Normandía, Francia, y buscaba el musgo e insecto de los que extraer los preciados tintes naturales con los que dar color a sus téxtiles, la Orchilla y la Cochinilla – quien comenzó la conquista de las Islas Canarias tras obtener el permiso real de Enrique III, Rey de Castilla, junto a su socio Gadifer de la Salle.

Consiguen una flota de varias embarcaciones y 250 hombres, y parten del Puerto Francés de La Rochelle el 1 de mayo de 1.402. Tras varias paradas de avituallamiento en Galicia y Cádiz, en donde desertaron casi todos sus hombres quedando solamente 63, alcanzaron en primer lugar el islote de Alegranza, al norte de Lanzarote, e inmediatamente después pasaron a la isla de Lanzarote, donde fundaron el primer asentamiento de Canarias, en San Marcial de Rubicón, actualmente Playa Blanca, en el Sur de Lanzarote.

Desde Lanzarote hicieron varias expediciones a Fuerteventura, pero viendo que necesitaban más hombres y pertrechos para dominar la isla, Jean de Bethencourt viajó a España para recolectar más medios, y en 1.404 establecieron el primer asentamiento en una zona protegida de la isla, la cual llamaron Betancuria, junto a la zona más próspera de la isla: Vega de Río Palmas.

En 1.404 sometió a los dos reinos en los cuales estaba dividida la isla: Maxorata y Jandía, separados por un muro defensivo. Cada zona estaba dominada por dos Reyes locales: Guize en Maxorata y Ayoze en Jandía, quienes viendo la superioridad de los invasores decidieron rendirse, y a cambio recibieron varias prebendas y beneficios.

En 1.405 dio por finalizada la conquista de Fuerteventura.

Tindaya

Tindaya - Podomorfos - Fuerteventura

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Seguimos en el municipio de La Oliva y los alrededores de Tindaya, dejando atrás la montaña de Tindaya nos dirijimos a los acantilados de Tindaya, para luego buscar una de sus playas más aislada e impresionante del pueblo de Tindaya , Jarugo.

Acantilados de Tindaya

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Playa de Jarugo

Jarugo - Tindaya - Fuerteventura

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Tindaya

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Ermita de Nuestra Señora de La Caridad

Tindaya - Fuerteventura

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Fotografías pertenecientes a otro viaje y ruta por la montaña de los podomorfos, Tindaya:

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Tindaya – GR131 – Fuerteventura

Monumento a Miguel de Unamuno

Tindaya - Miguel de Unamuno - Fuerteventura

Tindaya – Miguel de Unamuno – Fuerteventura

“Si sientes que algo te escarabajea dentro, pidiéndote libertad, abre el chorro y déjalo correr tal y como brote”.

Miguel de Unamuno

¡Estas soledades desnudas, esqueléticas, de esta descamada isla de Fuerteventura!, ¡este esqueleto de tierra, entrañas rocosas que surgieron del fondo de la mar, ruinas de volcanes; esta rojiza osamenta atormentada de sed! ¡y qué hermosura!, ¡Sí, hermosura!, claro está que para el que sabe buscar el íntimo secreto de la forma…

…pero en los campos de pedregales calcinados solo se arrastra la aulaga.

¡Pobre aulaga!

…solo que esta aulaga de aquí es otra cosa, es un esqueleto de planta toda ella espinas, sin hijas, pero en primavera con flores. Unas florecillas amarillas, que el camello pasta, ¡pobre aulaga!.

Miguel de Unamuno

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